He de confesar que una de las cosas que más me ilusionan de una boda es el vestido. Así que lo primero que hice fue comprarlo en estos mis primeros días de preparación. La primera vez que llegué a una exposición de bodas, me encontré con dos estantes de importantes boutiques de novia que apilaban cantidad enorme de vestidos. Me pareció profano. ¿Qué no se supone que el vestido enaltece lo virginal (no de la novia) sino del hecho? Verlos amontonados unos con otros, entre chaquiras, encajes y lino le quitaba el efecto místico que siempre me había provocado una novia.
Escogí uno con holanes en la falda, tipo bombacho. Dos personas me ayudaron a ponerme mi primer vestido de novia. Una ponía la crinolina y la otra el vestido. Cuando salí del probador de tres espejos, lo primero que me dijo mi madre fue: tienes que bajar de peso. Su aseveración eran un poco injusta. En realidad la primera regla que aprendí al momento de comprar un vestido es que los holanes ensanchan la figura. Así que lo veía en el espejo no era precisamente el atuendo de mis sueños.. Probé tres más y por primera vez sentí ese deseo romántico de casarme de blanco. No sé que pasó, no sé si mi reflejo frente al espejo inspiró alguna neurona que tenía por ahí pero es cuando por primera vez, desee casarme.
Salí de ese lugar sin decisión. Tendría que probarme muchos más y no porque no me convencieran los que vi, sino que el simple hecho de probármelos frente a un espejo, de tener gente a mi alrededor, y de recibir la admiración de las personas, hacían de ese momento, mi momento, el centro de atención. Casarse implica una absoluta vanidad.
jueves, 8 de febrero de 2007
viernes, 2 de febrero de 2007
La decisión
Entre pensamientos, platicas y vivencias, finalmente me di cuenta que casarme era una decisión y como tal había que ser enérgica. Me voy a casar y no hay vuelta para atrás. Pero convencida.
Con él tengo los mismos proyectos de vida, compartimos un hobbie, hay respeto, cariño, admiración y me provoca la sensación única de ser yo misma. Lo amo y entonces me voy a casar. Suena simple pero fue complicado decidirme.
Cuando fue el primero de enero de este año, empecé a inmiscuirme en los preparativos de la boda y en ese continuo trajinar me di cuenta de que casarse aun está vigente. Que los pasteles de boda y los vestidos no son tan cursis como yo pensaba. De ahí la necesidad de contar en este blog todo el rito que implica celebrar una Boda.
Con él tengo los mismos proyectos de vida, compartimos un hobbie, hay respeto, cariño, admiración y me provoca la sensación única de ser yo misma. Lo amo y entonces me voy a casar. Suena simple pero fue complicado decidirme.
Cuando fue el primero de enero de este año, empecé a inmiscuirme en los preparativos de la boda y en ese continuo trajinar me di cuenta de que casarse aun está vigente. Que los pasteles de boda y los vestidos no son tan cursis como yo pensaba. De ahí la necesidad de contar en este blog todo el rito que implica celebrar una Boda.
jueves, 1 de febrero de 2007
La indecisión
Pasó un año entero hasta que los dos nos decidimos por fijar la fecha de una boda. Era increíble que yo, con anillo en mano, me sintiera una mujer desahuciada...Me daba pena decir que estaba comprometida, evadía el tema recurrente al matrimonio, asistíamos a bodas de nuestros amigos mientras no dejaba de verlos con cierto desaire por optar por la fiesta estúpida, como todas...Incluso, parecía que el anillo sentía ese mismo rechazo. Varias veces lo encontré bailando en mi dedo anular, como si se ocultase de los ojos curiosos, como si se esmerara por pasar como un simple y corriente anillo.¿El por qué mi rechazo al matrimonio??? Pues creo que era algo que desentonaba con lo que hasta ahora me venía planteando a lo largo de mi vida. No encontraba la relación entre mujer independiente a mujer casada con un hombre. A lo largo de muchos años me juré jamás formar parte de esos rituales ociosos. Nunca soné con mi boda. Menos les presté atención a las revistas de novia. Nunca imaginé mi vestido de bodas ni mucho menos me quedé a esperar a un príncipe azul. Yo no podría ser como todas...una estadística más. Cumplir con el ciclo inevitable de la vida...nacer, crecer, estudiar, parrandear....yyy ¿casarte????... parece que eso era lo inevitable...De ahí mi rechazo secreto, quizá el ultimo bastión de quien se sentía había nacido para algo especial.....que fiasco! Qué pena me doy! Yo que me sentía única, alternativa, revolucionaria, bohemia.... Que ironía! Boda. Aquí estoy yo, como todas, con un anillo en mi mano
El día de mi boda
El día de mi boda
Tengo 30 años y me voy a casar. Para poder a llegar a decir esta frase sin sentir escalofríos tuve que pasar varias noches en vela, largas pláticas con amigas (solteras), varios capítulos de "sex and the city", y lo más importante, preguntarme desde el fondo de mi alma si realmente es lo que YO quería. No es que no ame a mi novio. Al contrario. Es un gran tipo. Llevamos 8 años juntos. Nos conocimos en el último semestre de la carrera, específicamente en una excursión hacia el estado de Oaxaca, en México. Tenemos la misma profesión. Nos gusta el cine, compartimos la patria potestad de dos perros, somos parranderos, amigueros, tenemos buen sexo y somos los mejores amigos. Quizá esta racha de bonanza se debe a que nuestra relación fue en un principio muy complicada. Él viene de una clase social baja. Vive en uno de los peores barrios de la ciudad. Su familia es grande y mitotera, pronuncian con "s"el final de los verbos y les gusta muuucho el tequila y la fiesta . En cambio la mía es la típica familia clasemediera y acomplejada. Juzgan por su apariencia a las personas, odian a los morenos o "prietos", como despectivamente les llaman, buscan del estatus social y siempre se refieren a las personas con el distintivo de "tiene o no tiene clase". Bueno pues mi novio es todo esto, en su descripción más burda, un "prieto sin clase". De ahí que por muchos años nuestra relación se mantuviera escondida, mientras yo me debatía entre la confrontación de los prejuicios heredados de la niñez y el sólo seguir a mi corazón. Con el tiempo, lágrimas y muchas peleas, mi familia aceptó o quizá se resignó y mi novio fue introducido a la familia bajo los ojos siempre cuestionadores de mis tías, primos y tíos llegando a decir que carecía yo de una baja autoestima. Pero bueno, siempre he dicho que para joderte, nadie como tu familia así que pasé de largo sus comentarios.Pese a esto, mi relación era perfecta, un ejemplo del respeto y la comunicación. El amor y la amistad.Fue hace un año que me comprometí en uno de nuestros viajes a China. Desde ese momento, la relación "perfecta" que tenía con mi novio empezó a tener un vuelco....
Tengo 30 años y me voy a casar. Para poder a llegar a decir esta frase sin sentir escalofríos tuve que pasar varias noches en vela, largas pláticas con amigas (solteras), varios capítulos de "sex and the city", y lo más importante, preguntarme desde el fondo de mi alma si realmente es lo que YO quería. No es que no ame a mi novio. Al contrario. Es un gran tipo. Llevamos 8 años juntos. Nos conocimos en el último semestre de la carrera, específicamente en una excursión hacia el estado de Oaxaca, en México. Tenemos la misma profesión. Nos gusta el cine, compartimos la patria potestad de dos perros, somos parranderos, amigueros, tenemos buen sexo y somos los mejores amigos. Quizá esta racha de bonanza se debe a que nuestra relación fue en un principio muy complicada. Él viene de una clase social baja. Vive en uno de los peores barrios de la ciudad. Su familia es grande y mitotera, pronuncian con "s"el final de los verbos y les gusta muuucho el tequila y la fiesta . En cambio la mía es la típica familia clasemediera y acomplejada. Juzgan por su apariencia a las personas, odian a los morenos o "prietos", como despectivamente les llaman, buscan del estatus social y siempre se refieren a las personas con el distintivo de "tiene o no tiene clase". Bueno pues mi novio es todo esto, en su descripción más burda, un "prieto sin clase". De ahí que por muchos años nuestra relación se mantuviera escondida, mientras yo me debatía entre la confrontación de los prejuicios heredados de la niñez y el sólo seguir a mi corazón. Con el tiempo, lágrimas y muchas peleas, mi familia aceptó o quizá se resignó y mi novio fue introducido a la familia bajo los ojos siempre cuestionadores de mis tías, primos y tíos llegando a decir que carecía yo de una baja autoestima. Pero bueno, siempre he dicho que para joderte, nadie como tu familia así que pasé de largo sus comentarios.Pese a esto, mi relación era perfecta, un ejemplo del respeto y la comunicación. El amor y la amistad.Fue hace un año que me comprometí en uno de nuestros viajes a China. Desde ese momento, la relación "perfecta" que tenía con mi novio empezó a tener un vuelco....
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